Plegaria

Siente el dolor de estas páginas amargas.
Responde atenta a los gritos de mis ojos.
Escapa a mi odio o lucha con el, sentirás dolor y yo dos veces mas por verte así.

Dibújame una sonrisa amor.
Clamo al infierno una tregua con mi alma.
Clamo paz más allá del cielo.

Falsa sonrisa en los pasillos con luz.
La verdad llora en un cuarto oscuro, y piensa si seguir viviendo cada vez que despierta. Soñando con jamás despertar.

Despiértame amor.

Saturnine

silencio.jpg

Mis dedos se encorvan para apretar algo que ya existía sin vida antes de dejarse destruir.

¿Escuchas el crujir de la destrucción?
No puedes ver más allá de lo que te permites escuchar.
Me amas mudo de lo que no conoces.

Haces de mis poemas un tabú.
Y de mis ojos un mar de hojas secas.

¿Es tu boca algo más que un beso?
¿Es la hoja de otoño que aprieto en mis manos algo más para ti?

¿Puedes ver aquel camino que pronuncio sin que tú quieras caminar?
Es en ese pequeño horizonte donde mi ira afirma la espada para protegerme de todo lo demás. Incluso de ti. Cuando te sientes sola.

Es el delicado espacio de silencio en donde te desconozco como a todos los demás.
Pues eres muda en ese mundo.
Y yo soy ciego debido a la oscuridad que el mundo provoca con su sombra.

Quietos.

Corre y enfrenta junto a mí esta gran sombra.
¿A caso no ves al enemigo?
Tus ojos no son los dañados. Es tu voz.

Es la soledad tangente a mis ojos o tu reflejo que me mira sin entender y sin buscar más allá.
Da igual. Es la ira de dejarse destruir.

¿Es por amor?
¿Me hablas con tus labios, o con tu corazón?
¿De veras crees que estas sola?

Flashback.

esperandote

Una ves que mis piernas se cansaron. Me volví para mirar.
Perdí de vista hacia donde estaba corriendo.

Las luces que quería apagar en el camino seguían encendidas.
Aquellas caras felices seguían sonriendo como mascaras inmutables. Mirando la nada hacia adelante.

Mi manos ahora con mas sangre, palpitaban haciendo notar que tenía un corazón por el cual respirar agitadamente.

Y la flor de la agonía imponía su asedio natural de muerte en mis sueños.
En mis sueños pasados.

Es por ti mi amor que seguiré luchando.
No será por mi esperanza la fuerza. Ni por la cruz mi nobleza.
Sera por amor y odio. Juntos como prosa a las lágrimas, forjando una triste historia para la ironía de la vida. Pues forjaremos la alegría misma de vivir.

La muerte se inclinó muchas veces ya ante mí. Con el fin de alejarse por despecho.
Ella no es mas la luz de luna que me ilumina.
Ni el viento que se lleva mis fotografías de niñez.

No dejare sobre mis hombros aquellos sueños inútiles sin cumplir.
No secare las rosas que sepultan junto a ellos.

Hallaré un nuevo lugar alejado del mundo para nosotros dos.
Donde solo el ruido del viento perturbe nuestro camino.

No dejare que esta mirada hacia atrás sea la última antes de mi muerte.
Sino quizás la primera.
No es esperanza. Es Odio.

24

lejos

De nuevo aquella frase cae desde mi cabeza hasta los pies.
Cae por dentro.
Fría, seca. Golpeando cada pared.
Ya los pactos caducaron. Dios se llevó lo suyo y el diablo otro gran resto.
Los escritos de tristeza aumentan.

Aquellos helicópteros oscuros pasan cada noche.
Los temblores amenazan, y sin ellos el suelo también se mueve.
Las almas se remezan casi fuera del cuerpo.

Silencio pequeña. Oye esta canción.

Parece un réquiem para los vivos. O un arcoíris para los ciegos.
Hermoso contraste con el Edén hacemos bailando en familia.
Tan cerca pero tan lejos.

Esa odiosa frase de nuevo.

¿Caducaron tus alas ángel?
Porque mis lagrimas se hacen cenizas cuando veo tu rostro.

¿Porque te fuiste padre?
¿Acaso yo soy igual que tú?
¿Sientes frio al mirarme a los ojos?

Muere. Memoria.
Lánzate al viento en polvo. Fotografía.
Hazme reír un poco y serás un rey para los tristes.

Hoy sepulto en mi cuello lo que mis ojos gritan.
Miro las luces en los arboles y sonrío de pena.

Para ti. Esclavo de las vidas rotas.

Hijo de Sión

silence

Con una botella de amnesia en las manos, observo como nunca se cansan sus pasos.
Son arrogantes.
Camina eligiendo su propio camino y modificando los del resto.
Lo hace sonriendo.
Mientras tanto la nostalgia oscurece el cielo.

Le pregunto a mi compañera si tiene frio.
Le ofrezco comenzar de nuevo. Pero sonriendo me dice que ya es muy tarde.
Vivimos flotando sobre el fin. Manteniendo nuestra alma errante pausada, oscura y sin amor.

Le pregunto a Dios por qué. La respuesta es la voz rebotando en la luna.
Solo tú sabes si hay algo que hacer.
Mi compañera se ríe.
El licor se acaba. Tras un parpadeo me veo envuelto, haciendo el amor con la muerte.
Ya no se esta riendo.

Los pasos arrogantes de la vida terminaron.
Es tu sangre la que pudre la vida.
Es tu alma la que pudre el cielo.
Son tus falsas enseñanzas las que convierten mi maldad.

Bien sabes que mi esencia es odiarte.
El perdón no es mi fuerte.
Miento. Siempre lo hago.
Me mienten. Pueden hacerlo.
Te espero silencioso en la muerte que es mi compañera.

Todo para que un ángel te arranque de los vanidosos pasos de la vida.
Tu podrida vida.
Odio.

Bondad

muerto.jpg

Erase una vez, un ángel.
Con sus alas podía podar todo aquello que me podía lastimar.
Cada espina de traición, cada rama de mentira.

Aun recuerdo su aroma.
Ese esquicito vapor de paz flotando mientras me abría paso a la vida.
El cielo le temía.

Sed. Quizás tuvo sed.
Creí ver. Creí tener los ojos abiertos.
Se quedo sentado frente a Dios, con las alas plegadas bajo el brazo.
Me miro. Rió.
La vida esperaba mucho más.
El camino era mas largo.

Los sentimientos se hicieron invisibles.
Pude ver a través de ellos.
Y vi el piso.
Un millón de hojas secas.

Me sentí solo.
Comiendo la ultima semilla de confianza para el viaje.

Mientras caminaba se elevó.
Tan lejos, sin mirar atrás.
Alcé mis manos y mis gritos.
Pero la semilla era de traición.

Me secó por dentro, e hizo brotar todas las paredes abiertas.
Me abrazaron como a estatua.
Me adornaron con sus espinas.
Me cubrieron.
Y el ángel me olvidó.
Solo me hizo vivir para abrirme camino al infierno.
Y regalarme unas semillas.


Laberinto

hiden

Estas con la vista clavada al suelo.
Mirando tu reflejo bañado en la soledad de un espejo roto.
El aire huele a mentira, por eso desconfías de tu respiración.
Miras hacia atrás y te das cuenta de que ya no estoy. El aire se vuelve más pesado y más oscuro.
¿Es mi mente un laberinto en el que incluso tú te has perdido?
¿Acaso no vale la pena gritar?

Abro los ojos.
Está muy oscuro. Muevo mi mano frente a mi rostro, y no puedo verla.
¿Cuántas cosas más se moverán frente a mí?
Pronuncio tu nombre en voz baja. Pero no hay respuesta…
Quizás debí gritar.

Vuelves a mirar aquel espejo. Y notas las gotas de sangre que hay en una de sus puntas.
Está fría.
Recuerdas que viste muchas cosas. Y mi sangre fría te las hizo ver distintas.
Recuerdas lo que me estaba envolviendo.

Trato de ponerme en pié.
Logré lo que deseaba. Pero… ¿hacia adonde avanzo?
Intento limpiarme los ojos. Pero no están. No los puedo limpiar porque no están.
Solo toco sangre.
Está fría.

Tratas de avanzar.
Pero tus pies están congelados. Quizás por detenerte.
Lloras. Y limpias tus ojos. Tus lágrimas caen sobre el espejo roto.

Lloro. No puedo. Estoy maldito. No puedo llorar.
Grito. Con toda la fuerza que me queda. Te grito en el rostro.
Levantas la vista y me ves. Ves mi rostro con los ojos arrancados con un trozo de espejo.
Me ves. Y me hablas.
Te escucho.

¿Y ahora, que hacemos?

Te cargo en mis hombros.
Yo camino, tú observas.
La vida es larga. Pero juntos somos más grandes que cualquiera.
El aire se vuelve tranquilo.
Respiremos Hermano.