
De nuevo aquella frase cae desde mi cabeza hasta los pies.
Cae por dentro.
Fría, seca. Golpeando cada pared.
Ya los pactos caducaron. Dios se llevó lo suyo y el diablo otro gran resto.
Los escritos de tristeza aumentan.
Aquellos helicópteros oscuros pasan cada noche.
Los temblores amenazan, y sin ellos el suelo también se mueve.
Las almas se remezan casi fuera del cuerpo.
Silencio pequeña. Oye esta canción.
Parece un réquiem para los vivos. O un arcoíris para los ciegos.
Hermoso contraste con el Edén hacemos bailando en familia.
Tan cerca pero tan lejos.
Esa odiosa frase de nuevo.
¿Caducaron tus alas ángel?
Porque mis lagrimas se hacen cenizas cuando veo tu rostro.
¿Porque te fuiste padre?
¿Acaso yo soy igual que tú?
¿Sientes frio al mirarme a los ojos?
Muere. Memoria.
Lánzate al viento en polvo. Fotografía.
Hazme reír un poco y serás un rey para los tristes.
Hoy sepulto en mi cuello lo que mis ojos gritan.
Miro las luces en los arboles y sonrío de pena.
Para ti. Esclavo de las vidas rotas.
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