Una ves que mis piernas se cansaron. Me volví para mirar.
Perdí de vista hacia donde estaba corriendo.
Las luces que quería apagar en el camino seguían encendidas.
Aquellas caras felices seguían sonriendo como mascaras inmutables. Mirando la nada hacia adelante.
Mi manos ahora con mas sangre, palpitaban haciendo notar que tenía un corazón por el cual respirar agitadamente.
Y la flor de la agonía imponía su asedio natural de muerte en mis sueños.
En mis sueños pasados.
Es por ti mi amor que seguiré luchando.
No será por mi esperanza la fuerza. Ni por la cruz mi nobleza.
Sera por amor y odio. Juntos como prosa a las lágrimas, forjando una triste historia para la ironía de la vida. Pues forjaremos la alegría misma de vivir.
La muerte se inclinó muchas veces ya ante mí. Con el fin de alejarse por despecho.
Ella no es mas la luz de luna que me ilumina.
Ni el viento que se lleva mis fotografías de niñez.
No dejare sobre mis hombros aquellos sueños inútiles sin cumplir.
No secare las rosas que sepultan junto a ellos.
Hallaré un nuevo lugar alejado del mundo para nosotros dos.
Donde solo el ruido del viento perturbe nuestro camino.
No dejare que esta mirada hacia atrás sea la última antes de mi muerte.
Sino quizás la primera.
No es esperanza. Es Odio.
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